Los payasos son una 'broma andante': llevan la incongruencia
con su persona. La presencia del payaso en el hospital añade
otro nivel de incongruencia. Los payasos se benefician del
humor que crean simplemente estando allí, están fuera de
lugar y son vulnerables. Esa vulnerabilidad se asemeja a la del
niño, que está fuera de lugar en el entorno sanitario, y que, al
final, aparte del apoyo de la familia y los amigos, debe
enfrentarse solo a su enfermedad. En este aspecto, el payaso y el niño se
convierten en aliados. Es ahí donde el payaso cumple su función como sanador
aliviando el estrés, mejorando el ánimo y proporcionando grandes cantidades de
amor y alegría.